El vicio de narrar (parte 1a)

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Teoría y técnica literaria (ejercicios de taller de escritura)

El derecho a la escritura. Introducción.

Este es un trabajo donde se recopilan diferentes experiencias en el campo de los talleres de escritura creativa, diluidas en un periodo dilatado de tiempo y concentrado aquí a través de un taller de narrativa digital.

En próximas entregas, intentaré reunir los conceptos básicos con los que construir un relato corto o una novela. Conceptos tales como el tono y el ritmo, la elección del narrador, la manera efectiva de tejer una historia, la ambientación, los recursos poéticos… se ofrecerán acompañados de ciertas dosis de crítica literaria y abundantes ejemplos de grandes autores, sin olvidar un compendio de actividades que proporcionen continuidad a este taller de narrativa virtual.

La ambición de todo taller de escritura es la de invitar a crear historias, a encauzar la imaginación hacia el objetivo de plasmar ideas, esculpirlas y dotarlas de vida. Confeccionar ingenios literarios que intenten la proeza de imitar la vida. Si la materia orgánica (lo que conocemos por vida) surgió de los enlaces inermes de la química, ¿por qué algún tipo de vida, latente en la abstracción de las ideas, no puede brotar de los enlaces de las palabras?

Este es un trabajo que los grandes críticos literarios considerarían un acto invasivo, de usurpación, de saqueo hacia los delirios e inquietudes más selectas: la LITERATURA, en mayúsculas. ¿Es lícito robar a los dioses el fuego del conocimiento para obsequiarlo a los hombres? ¿Cómo puede popularizarse el arte de la creación literaria? ¿Cómo una ama de casa, un jardinero, un tornero, un simple jubilado, pueden acceder, ni tan sólo soñar, a crear una cosa viva sobre el papel o la pantalla de su ordenador? ¿Una cosa que transpire, dotada de una gráfica clínica de constantes vitales? ¡Menuda burrada! Nietzsche ya lo dijo: la alfabetización de las masas corromperá la cultura. Pero, para los grandes utopistas del siglo XVIII, para los creadores de “La enciclopedia”, para los divulgadores del conocimiento, de la razón, de la fe en el poder redentor de la palabra escrita sobre una humanidad aplastada por despotismos de todo tipo, el acceso libre a las fuerzas de la abstracción, a la letra impresa en definitiva, es una necesidad capital para la creación de aquel nuevo orden emanado de La ilustración. No en vano, la única forma de transformar la realidad es a través de la abstracción de las ideas.

Este es un trabajo que puede incomodar a otros Nietzsches, a otros intelectuales imbuidos de una visión aristocrática y miserable de la existencia humana. El escritor chileno Roberto Bolaño defendió lo mismo que el filósofo alemán, pero de una forma mucho más elegante. De boca de uno de sus personajes, en “2666”, establece un paralelismo entre las obras de los escritores mediocres y la de los grandes autores, sometiéndolos a comparación con la cruxificción de Jesús en el Gólgota y la de sus dos acompañantes condenados por robo. El personaje, un antiguo librero de Berlín, pregunta a Archimboldi, el escritor protagonista de “2666”: ¿Qué hacían dos ladronzuelos crucificados junto al Mesías? Respuesta: Desviar la atención, eclipsar la gran obra que fue la cruxificción de Jesús en beneficio de dos ejecutados de poca altura. De Nietzsche a Bolaño, el salto sobre las conciencias haciendo uso del mismo argumento, los efectos perniciosos de la democratización de la cultura, del acceso a la palabra escrita, se transforma en una cabriola mortal que aumenta los efectos del discurso tanto cualitativa como cuantitativamente. Después de este golpe bajo dan ganas de aparcar la pluma, el bolígrafo, el teclado y la propia mente. Aunque, Guillermo Cabrera Infante afirmaba que había aprendido a escribir corrigiendo el estilo de las novelas de Corín Tellado y, por este motivo, se sentía agradecido por el esfuerzo de los escritores mediocres, los crucificados de segunda fila. La fuerza voluntariosa de todos los escritores, el trabajo de los noveles y de los consagrados, la tarea de los talentosos y la de los ineptos puede contribuir a crear el magma necesario para que la gente se interese por la palabra escrita. Crear mundos o intentar crearlos a través del relato corto, la novela o el guión de teatro o cine, puede ayudar a mejorar el único mundo tangible que conocemos, el real, donde cualquier tipo de crucificado tiene derecho a un retazo de trascendencia.

El derecho a la literatura va más allá de la simple lectura, se trata de un conocimiento que nos invita a participar en él de forma activa; pues, desde el momento en que la literatura, del simple cuenta cuentos al escritor reconocido, forma parte de un mismo entramado sociolingüístico, toda obra pertenece a un único logro colectivo. El escritor anhela contribuir a ese logro, desea con toda pasión sumergirse en ese acervo cultural que abarca desde Samaniego a Garcia Marquez, establecer un lazo comunicativo perenne entre su teclado y los posibles lectores.

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