La traición de Julieta

La traición de Julieta

En un universo paralelo, despertó Julieta del embeleso de la pócima recostada sobre el frío mármol de la cripta. A los pies de lo que debería haber sido su tumba, halló a Romeo muerto por su propia mano. Contuvo el arrebato de suicidarse tal como hiciera su amante al creerla muerta, pues sabía que de las actitudes impulsivas nunca salía nada bueno. Triste y abatida pero viva abandonó la cripta.

Al cabo de unos meses casose con un Capuleto, dado que no le convenía contrariar a su familia por segunda vez. Tuvo hijos y nietos tras disfrutar de una larga vida, aunque no dejó de preguntarse todos los días de aquella dilatada existencia si había hecho bien, si su cobarde decisión no había supuesto una traición. No una traición a Romeo, de quien se desenamoró a poco de contraer nupcias, sino una traición a la leyenda en la que debería haberse convertido por razón de su muerte en la cripta, en brazos del cadáver de su amante. Una traición a los bardos que habrían de cantar su sacrificio, a los dramaturgos a quienes dejaba huérfanos de un tema universal: El amor voluptuoso e indómito, capaz de consumirse a sí mismo antes que claudicar en su obcecado empeño.

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