Jardines que matan

Jardines que matan

La Reina de Corazones hacia decapitar a sus jardineros al menor error, que si unos bulbos mal conjuntados, que si unas lavandas con poco aroma, que si un rosal con poco pincho. Colgaba sus cabezas de la torre más alta, para escarmiento de los demás jardineros y de la servidumbre en general. Ante semejante trato, los jardineros acabaron por entrar en pánico y abandonaron el servicio de su majestad. La Reina de Corazonesintentó contratar una nueva plantilla, cambió las decapitaciones por unos azotes propinados con cierta indulgencia, sin brío ni motivación; pero ni por estas. Ningún jardinero acudía al castillo atraído por las nuevas condiciones laborales, tal vez por miedo a que la reina no cumpliera y regresara a sus antiguos hábitos. Desesperada ante la imposibilidad de encontrar quien cuidara de su jardín, se arremangó los brazos y decidió podar, cavar y rastrillar ella misma, y descubrió que le gustaba.

            Un día se confundió, quiso plantar unos bulbos de tulipanes y, en la primavera siguiente, en lugar de las susodichas flores, surgió un parterre de hermosos gladiolos allí donde invirtiera sus equivocados esfuerzos. Persona coherente como era, la Reina de Corazones se hizo decapitar.

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